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Sexo universitario penquista: “cualquier lugar sirve”

Sexo universitario penquista: “cualquier lugar sirve”

No son pocos los estudiantes penquistas que deben lidiar con la falta de intimidad a la hora del sexo: hacer el amor, tener sexo o tirar, lejos de ser un disfrute pasa a ser un acto que debe hacerse rápido y en malas condiciones.

“En los pastos, pasadito las nueve comienzan a llegar hartos jóvenes, algunos vienen a carretear y otros incluso a tirar” comenta Jonatan Parra, ex guardia de seguridad de la Universidad de Concepción. Así como él, son muchos los guardias que les ha tocado ver algo que más que jóvenes bebiendo o fumando marihuana en algún campus universitario penquista. Es que el sexo universitario, en muchos casos no tiene miramientos, y cuando el dinero y los lugares escasean, la pasión estudiantil debe adecuarse a cualquier circunstancia.

Para Christián Matus Madrid, investigador y antropólogo de la Universidad de Chile, la clave fundamental para entender está conducta sexual, radica en la asociación de los códigos juveniles en la instancia del carrete. En palabras simples, esta es la oportunidad para dar rienda suelta a actitudes que muchas veces no son permitidas en otro contexto. Sin embargo, existen limitantes que precipitan estas conductas ¿Pero será esa la única razón?

En la práctica la mayoría de los estudiantes penquistas deben vérselas con la falta de privacidad en sus hogares y la falta de dinero. “En mi caso que tengo una pareja estable, vamos a moteles baratos y por lo que se conversa entre los compañeros, son muchos los que toman esta alternativa” dice Alejandra (24), estudiante de la U de Conce.

Los moteles: Un refugio

Alejandra lleva tres años con su pololo y frecuenta el Fish, un conocido motel céntrico de Concepción. Como el Fish, existen una gran gama de “hoteles” que ven nutridas sus arcas, en un porcentaje importante, por los estudiantes. Los precios de muchos de estos establecimientos son sumamente asequibles y los picarones alumnos disponiendo de cuatro a cinco mil pesos pueden pasar la noche en un hotel parejero. “Allá igual es bacán, no es una pieza de ensueño pero te salva y estás tranquila” comenta Alejandra.

Pero los moteles son sólo una de las alternativas que tienen los jóvenes penquistas a la hora de buscar “intimidad”. En las extensas áreas verdes que poseen la Universidad de Concepción y la Universidad del Bío-Bío, no es raro, según testimonios de los guardias, ver a parejas de estudiantes teniendo sexo.

“En la laguna de los patos o pa’ atrás del estadio, vienen hartos cabros a hacer lo suyo y nosotros tenemos que echarlos porque no depende de nosotros que se queden. A mí me daría lo mismo, pero es nuestra pega y hay que cumplirla” comenta el ex guardia Johnatan.

Cristopher, llegó desde Rancagua el año pasado a estudiar Ingeniería a la Universidad del Bío-Bío, dejando a su familia y a la “Morena” (su polola). El Pipe, como es conocido entre sus compañeros, reconoce que al llegar gastaba gran parte de su dinero en “copete” y “pitos”. Sin pensar en la complicada situación económica que vivían sus padres, salía casi todos los días de la semana, y los carretes en los que participaba se caracterizaban, según sus propias palabras, por la promiscuidad.

“Si enganchaba con una mina, la hacíamos no más, igual yo cachaba que la morena nunca iba a enterarse y cualquier lugar servía”.

Para Christian Matus esta imposibilidad de los jóvenes de tener tiempo y condiciones necesarias, decanta en gran parte de los casos en una sexualidad de mala calidad. Debido a la precariedad, la intimidad se torna demasiado rápida y esto entorpece el goce, sobretodo en las jóvenes. Esto además trae como consecuencia una “pérdida del autocuidado (enfermedades o prevención de embarazos).

“Es divertido tomar riesgos, pero es cierto que se pierde mucho, por ejemplo las veces que mis viejos salen y me dejan la casa es bacán porque le digo a mi pololo que se venga y pasamos la noche tranquilos” dice Alejandra. Sin duda la tesis de Buena intimidad = buen sexo”, no es nueva y no hay que ser un genio para saberlo. En vista de las circunstancias, es de los padres la gran tarea de hacer mejores las condiciones de la sexualidad de sus hijos, aunque un poco de riesgo siempre será bien recibido.

Por el momento, nos mantendremos jugueteando en alguna placita por ahí, donde los matorrales y los pastitos rocen la pierna suave o peluda, dándole (y dándole) más placer al sexo juvenil. Pero ojo, que no lo vaya a pillar el guardia…!

Por René Arriagada

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Comentarios

  • Felipe - Hola, encuentro que el panorama no se entristeció para nada…
  • LAUTARO ROJO - Las Agruoaciones de los DD.HH.,tienen todo el derecho de dudar…
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